Plan Impulso Araucanía: Diálogos de la Paz y Reivindicación de Tierras

El gobierno ya puso en marcha el “Plan Impulso Araucanía” y el optimismo es mayúsculo. Hemos visto un ánimo positivo entre los diferentes sectores por sacar adelante esta región y dejar atrás años de violencia y diferencias entre las comunidades mapuches, las autoridades y los gremios. Tal como dijo Francisco Huenchumilla, el viaje que realizaron ministros de gobierno esta semana, fue “un encuentro democrático necesario”.

Hay dos enfoques que quiero destacar que me parecen profundamente significativos: el inicio de los “Diálogos de la Paz”, que involucran a ex autoridades de la zona, parlamentarios de oposición, representantes del parlamento mapuche, organizaciones sociales y gremios, y que busca una colaboración transversal para superar la crisis. Estas reuniones son muy importantes, ya que para alcanzar el gran acuerdo, se necesita hacer un diagnóstico previo con los actores involucrados que concluya en una participación, con miras a una pronta solución.

Asimismo, se ha retomado la idea de un catastro público del Fondo de Tierras. Para resolver este tema, primero debemos ser conscientes de las cifras: ¿cuántas tierras se han entregado? ¿cuántas faltan por entregar? ¿quiénes deben ser los beneficiados? Para esto, el gobierno solicitó la colaboración de la Contraloría General de la República. El director de la Conadi, Jorge Retamal, reveló que en los últimos cuatro años, las comunidades en lista de espera aumentaron de 166 a 346, el plazo de entrega aumentó de cinco a doce años y que el promedio de entrega promedio por hectárea aumentó su valor de $2,8 a $4,8 millones. Estos datos reflejan una fuerte necesidad de transparentar los números para poder dar término a este círculo vicioso.

Sumado a esto, se deben revisar las restricciones que se imponen una vez entregadas las tierras, ya que no pueden hipotecarlas, venderlas, entregarlas ni arrendarlas y el efecto concreto es que de las 240 mil hectáreas que se han entregado – y que han tenido un costo de mil millones de dólares para el Estado – un gran porcentaje pasaron de ser tierras productivas a improductivas. Esto influye en la calidad de vida de sus dueños, del entorno y dificultan que la región alcance su desarrollo. Debemos recordar que no hay inversión extranjera en esta región en los últimos 7 años que pueda compensar la proyección económica.

¿Cuál es la conclusión? El gobierno está siguiendo el camino correcto al atacar tanto el aspecto social como el económico. Tal como dijo el ministro Moreno, si hay violencia, no hay inversión. Si no hay inversión, aparece la pobreza y con ello se origina un caldo de cultivo para más violencia. Es hora de romper este círculo vicioso. La Araucanía es una región llena de recursos y puede alcanzar un camino completamente distinto.

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