El próximo 1° de mayo

Esta columna fue escrita junto a Nicolás Monckeberg

EL BALANCE  de los primeros de mayo bajo la Nueva Mayoría son para el olvido: promesas incumplidas, politización extrema del movimiento sindical y nulos beneficios reales para los trabajadores.

La  guinda de la torta es la CUT. La Cámara ha señalado que “el proceso eleccionario de la CUT dejó en evidencia serias y graves deficiencias o irregularidades”. Pero eso es pasado.  El  1° de mayo del 2018 debe tener un significado distinto.

Aquí van tres ideas:

1. Más trabajo para más negociación colectiva.

El objetivo de aumentar la negociación colectiva es correcto, pero para que funcione debe haber más y no menos trabajo. Durante los últimos cuatro años muchas personas han perdido sus trabajos formales y han debido emigrar al  “por cuenta propia”, apenas un disimulo  para  el trabajo en la calle, sin previsión, salud, vacaciones y otros derechos. Solo en los últimos 12 meses, 120.000 empleos, con contrato y previsión, se destruyeron.

La  primera tarea es recuperar la inversión para así levantar el alicaído crecimiento y “ tirar pa´arriba” el empleo. Entonces, la negociación colectiva dejará de ser una utopía para muchos.

2.  Pactos para mejor vida laboral y familiar. ¿Qué razón puede existir para que una mujer jefa de hogar, madre de dos niños y que labora en el departamento de contabilidad de una empresa no pueda realizar parte de su jornada en ella y parte en su casa? Absolutamente ninguna, salvo que la ley no lo permite, los sindicatos politizados que manejan la CUT se oponen y los parlamentarios de la NM lo rechazan.

Es un completo absurdo. Así se trabaja en el mundo moderno, pero acá algunos creen que hay que legislar de espaldas al futuro. ¿Por qué no les gusta? Muy simple: porque los mismos sindicatos que organizan elecciones  “truchas” no quieren perder el control sobre sus afiliados.

Debemos modernizar nuestra legislación permitiendo a los trabajadores adaptar sus jornadas de trabajo, haciéndolas más compatible con su realidad familiar. La meta es clara: trabajo para las familias y no familias para el trabajo.

3. Domingo paga doble.

Hay trabajadores, que ya sea por la naturaleza de sus funciones o por la dinámica de los turnos, deben trabajar uno o más domingos al mes. Es lo que pasa, por ejemplo, con los periodistas que cubren los fines de semana, con los garzones que trabajan en restaurantes y los que atienden salas de cine, los trabajadores que deben ocuparse de tareas de vigilancia y un larguísimo etcétera.

¿Es razonable que al que trabaja el día domingo se le pague igual que un día de semana? Definitivamente no. El domingo no es un día “intercambiable” por uno cualquiera de la semana: es el único en que se puede compartir con la familia. Por lo mismo, debiera tener siempre un tratamiento especial como el que reciben las horas extraordinarias. La fórmula ya existe, de manera parcial, para los trabajadores del comercio. Hay que extenderla a todos los trabajadores sin excepción.

Es cierto que hay otras materias que un próximo gobierno debiera abordar. Sin embargo, las tres ideas anteriores al ser “inyecciones a la vena” serían un positivo punto de inflexión para los trabajadores y el país.

Fuente: La Tercera.

 

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